‘Química verde’ para cuantificar componentes de los cosméticos

La cosmética es una industria importante a nivel mundial, y ha obtenido altos niveles de sofisticación.

Hay más de 10.000 componentes con los que elaborar cosméticos; es fundamental, por tanto, controlar estos componentes para garantizar la seguridad de los consumidores. El Reglamento 1223/2009, aceptado por la Unión Europea en 2009, ha establecido una lista de componentes que garantiza la seguridad de los consumidores, así como unas condiciones de uso de tales componentes, como la concentración máxima y en qué tipo de productos pueden ser usados.

El investigador Josu López, del Departamento de Química Aplicada de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), ha desarrollado y aplicado métodos de cuantificación de varios de estos componentes, en su tesis doctoral. Los métodos investigados por López están basados en la electroforesis capilar. Según explica el investigador, «una de las ventajas más importantes de esta técnica es que es una técnica «verde», debido a que se consume poco disolvente orgánico y se produce poco residuo en comparación con otras técnicas analíticas». López ha trabajado en métodos para analizar fragancias de almizcle, alérgenos, conservantes antimicrobianos, conservantes antioxidantes y filtros ultravioleta, y los ha aplicado en el análisis de diversos perfumes, champús, geles, jabones, cremas solares y diferentes productos domésticos. Según ha indicado el investigador, «todos los productos que hemos analizado cumplen el reglamento».

López ha explicado que es muy fácil preparar las muestras a utilizar en estos métodos -sólo hay que diluir el producto-, y que, además, son métodos baratos. Por lo tanto, son una buena alternativa con respecto a los métodos utilizados hasta el momento (cromatografía líquida y gaseosa). Cabe destacar, además, que uno de los avances es que con la electroforesis capilar se ha conseguido la separación simultánea de varios componentes, por ejemplo, se pueden separar simultáneamente fragancias y alérgenos, o conservantes y filtros ultravioleta, etc. El investigador ha resaltado la importancia del proceso de optimización de los métodos obtenidos; «hemos desarrollado una función para simplificar la optimización de las variables más significativas que inciden en los métodos», ha explicado. En adelante, el siguiente paso será intentar analizar simultáneamente una mayor cantidad de componentes, así como intentar disminuir la concentración mínima de detección de los métodos.

Josu Lopez Gazpio (Tolosa, 1987) es licenciado en Ciencias Químicas, y tiene un máster en Química Aplicada y Materiales Poliméricos. Kosmetikoen osagai hautatuak determinatzeko kromatografia elektrozinetiko mizelarrean oinarritutako metodoen garapena eta aplikazioa es el título de su tesis doctoral, realizada en la Facultad de Ciencias Químicas de la UPV/EHU, en el Departamento de Química Aplicada (grupo de Química Analítica), bajo la dirección de Esmeralda Millán, profesora titular de la UPV/EHU. Fruto del análisis bibliográfico y terminológico realizado en la fase de redacción de la tesis, ha escrito el libro titulado Elektroforesi kapilarraren oinarriak, en el marco de la convocatoria de fomento de creación de material didáctico del Vicerrectorado de Euskera de la UPV/EHU, de la mano del Servicio Editorial.

Neuronas espejo

La importante vida social de las neuronas espejo

La imitación y la empatía son dos capacidades del ser humano que afectan directamente a las relaciones sociales, nos permiten aprender y entender el comportamiento de otras personas, pero también pueden condicionar nuestro estado de ánimo; las responsables de todo esto son las neuronas espejo.

Hasta mediados de los años 90 apenas se conocía nada del comportamiento de estas neuronas, que se sitúan en la corteza parietal del cerebro, en el área de broca, una sección involucrada en la producción del habla, el procesamiento del lenguaje y la comprensión. «Las neuronas espejo se activan cuando una persona o un animal realiza una acción porque la ha observado en otra persona», actos como bostezar, rascarse la cara o ciertos tics, tal y como ha explicado a Efe la psicóloga clínica Vanesa Fernández, profesora de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Todos hemos observado en alguna ocasión cómo las toses al inicio de una obra de teatro se extienden entre el público después de escuchar el primer carraspeo o cómo sucumbimos y no podemos evitar abrir la boca cuando nuestro interlocutor bosteza.
El psicólogo Sebastián Mera, de la comunidad médica online Saluspot.com, ha señalado a Efe que buena parte del aprendizaje y del desarrollo de la empatía está basado en el funcionamiento de este tipo de neuronas. Son las responsables de que podamos imitar y aprender una conducta que observamos y, al tener la empatía una gran parte de su desarrollo basado en ellas, podemos también sentirnos y sentir cómo se siente la persona que está llevando a cabo esa conducta.  «La razón por la que se produce dicha conducta imitativa es porque la neurona reproduce, en su función refleja en el cerebro, la misma actividad neural correspondiente a la actividad que se percibe, es decir, como si fuese un espejo», ha relatado. Si bien todos los seres humanos tenemos esta capacidad, con variaciones como la cantidad de neuronas o la velocidad de trasmisión de la información, los factores sociales y culturales sí condicionan esta receptividad. Así -comenta Mera- mirar atentamente a los ojos puede ser aceptado en una sociedad como la española, mientras que el mismo gesto tiene un significado completamente opuesto en otra sociedad como pueda ser la británica. También podemos controlarlas. «Si estás en una entrevista de trabajo y la otra persona bosteza, a ti te pueden entrar ganas de bostezar también, pero no lo haces», señala Fernández. Esta psicóloga coincide, así, en que «el ambiente puede modular la biología». Por el contrario -añade- hay estudios que dicen que una persona que ejercita mucho estas neuronas, bien porque es muy empática o porque conecta mucho con otras personas, puede potenciar y estimular los circuitos que las conectan, de manera que «se hacen más rápidos y se utilizan más».

Pero las neuronas espejo no sólo actúan sobre actos mecánicos y de poca trascendencia como tocarse demasiado el pelo o la nariz, traquear los dedos o mover los pies constantemente, sino que pueden condicionar también el estado de ánimo de una persona. «El estado emocional al final se va contagiando», afirma Fernández. Conductas como la apatía o la desgana, por ejemplo, «las neuronas espejo las están captando y reproduciendo». «Al final, se va produciendo una transferencia de esos sentimientos, de esos gestos y por eso hay personas que notas que te dejan vacío emocionalmente y hay otras que transmiten energía, optimismo, y que repercuten en tu estado de manera positiva», subraya.

Con frecuencia acuden pacientes a la consulta de dermoestética con el ánimo de conseguir un aspecto como el alguien famoso o al que admiran, sin duda debido a la acción de sus neuronas espejo.

Es importante conseguir que la/el paciente tome conciencia de su individualidad y que entienda que los tratamientos dermoestéticos se refieren a una reparación de su piel, que contribuye a su bienestar en aspectos importantes personales y sociales y, en definitiva, a mejorar su salud.

Descubrimiento relacionado con el cáncer de piel

Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, CNIO, contribuyen ahora a desvelar el proceso descubriendo uno de los eslabones clave, un nuevo mecanismo que regula la diferenciación de las células que integran la mayor parte de la epidermis, los queratinocitos. Además, han descubierto que este mecanismo podría estar implicado en el cáncer de piel.

En concreto, los investigadores identifican la proteína FraG2 -cuya función precisa en la piel hasta ahora se desconocía- como elemento clave en la diferenciación de los queratinocitos: si FraG2 no está activada no hay diferenciación y por tanto la piel no termina de formarse. El trabajo se publica en portada de la revista Genes & Development, con Stefanie Wurm como primera autora y dirigido por Erwin Wagner, jefe del Programa Fundación BBVA-GCNIO de Biología Celular del Cáncer.

Los queratinocitos humanos viven alrededor de un mes, y en ese periodo pasan por toda una serie de cambios relacionados con las distintas funciones que cumplen durante su viaje desde la capa más profunda de la epidermis, donde nacen, hasta la superficie con la que nuestro cuerpo toca el exterior. En términos técnicos, esta evolución de los queratinocitos se llama diferenciación. Como escriben los autores, «en la epidermis, la inducción de la diferenciación de los queratinocitos es esencial para la adquisición de la función de barrera de la piel, así como para la homeostasis [la estabilidad] del tejido».

En los últimos años se ha ido desentrañando el bosque de señales bioquímicas implicadas en las transformaciones de los queratinocitos y por ende en la formación de la epidermis. Hoy se sabe que el proceso está dirigido por una plétora de genes localizados en el llamado Epidermal Differentiation Complex (EDC). A su vez, la expresión de estos genes está regulada por la interacción coordinada de las señales bioquímicas que envían pequeñas proteínas, como los factores de transcripción.

El trabajo que ahora se publica muestra que FraG2, uno de esos factores de transcripción, cumple un papel regulador clave. «Con la ayuda de modelos específicos de ratón demostramos que con la expresión de FraG2 en los queratinocitos inducimos también la expresión de los genes en el EDC», escriben los autores.

Por el contrario, basta la pérdida de FraG2 en los queratinocitos de la capa suprabasal para provocar defectos que impiden el correcto funcionamiento de la piel como barrera, debido a que se ha reducido la expresión de los genes EDC. Se halla incluso una posible relación con el cáncer. En ratones propensos a desarrollar tumores de piel benignos -papilomas-, el riesgo de que esto ocurriera se redujo al activar FraG2; los autores lo atribuyen a que FraG2 induce la diferenciación precoz de los queratinocitos cancerígenos.

Otra de las novedades tiene que ver con la forma en que tiene lugar la regulación de FraG2. El trabajo revela que la activación o no de este factor de transcripción depende de las modificaciones químicas que sufre por su interacción con las enzimas Ezh2 y ERK1/2, que acaban funcionando como un auténtico interruptor de FraG2. Este método de activación no se conocía, y los investigadores quieren ahora estudiar si interviene también en otros procesos.

«Describimos una nueva interacción de FraG2 con Ezh2», explica Stefanie Wurm. «Usando técnicas de espectroscopía de masas identificamos una nueva modificación postGtranslacional de FraG2: cuando es metilada por Ezh2 [la metilación es una modificación química por la que la molécula gana un grupo metilo], FraG2 permanece inactiva en las células basales, y cuando es fosforilada por ERK1/2 [adición de un grupo fosfato], se vuelve activa de nuevo».

Este hallazgo abre nuevas vías para explorar «si este interruptor es un mecanismo general para activar factores de transcripción», prosigue Wurm. «También queremos estudiar si la inhibición de Ezh2 puede ser una estrategia terapéutica valiosa contra las enfermedades de la piel relacionadas con fallos en la diferenciación de los queratinocitos».

En dermoestética este hallazgo podría ser la piedra angular de los tratamientos de prevención del envejecimiento y reparación tisular.