A propósito de un caso

Siempre es muy satisfactoria la actuación enfermera en dermoestética, aunque no siempre los resultados responden a las expectativas y, desde luego, los errores existen, pero a veces, la satisfacción es tan gozosa que justifica cualquier esfuerzo o adversidad psicológica o económica, tan frecuentes.
A propósito de esto, queremos exponer el caso de una paciente que consultaba por una flaccidez en los brazos y venía acompañada de su hija de 12 años, la cual llevaba tapada la cabeza con un sombrerito de fieltro, en pleno verano. Preguntamos si no le daba calor el sombrero y, la madre, casi en secreto, nos dijo que le habían diagnosticado de una alopecia areata y que la niña, y toda la familia, estaban sufriendo mucho por ello. La madre nos descubrió con miedo y cariño la cabeza de la niña, por si nosotros podíamos hacer algo, pero sin ninguna esperanza. Hicimos salir a la madre porque no nos pareció acertado el diagnóstico y, tras una delicadísima anamnesis, la niña, entre lágrimas, nos confesó que ella misma se arrancaba los cabellos porque sufría de terrores nocturnos.
Hace dos meses que está con tratamiento psicológico, le está creciendo el cabello con nuestro tratamiento, ya no se lo arranca y ha mejorado notoriamente la salud de toda la familia.

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